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Tarifa, la capital del viento |
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La playa de Bolonia, donde empiezan a fluir las aguas del Atlántico, está más resguardada del viento, por lo que se puede tomar el sol sin que se vuele la toalla y la arena se pegue al cuerpo. En este entorno salvaje, las vacas pacen tranquilamente en la hierba, a pocos metros de la playa. Los días claros se divisa en el horizonte la costa africana. También es posible darle un capricho a tu piel y embadurnar todo tu cuerpo con barro en pozas de arcilla, practicar el nudismo en alguna de sus calas o visitar las ruinas romanas de Baelo Claudia, que datan del siglo I a.c. En este enclave se situaba una ciudad romana que se dedicaba a la fabricación y comercialización de salazones de atún. También quedan restos del teatro, el cementerio y los baños.
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