Atrás quedaron los extraños años 80 llenos de contrastes, en los que la gente acudía a las playas nudistas armada con rastrillos para echar a las hordas de depravados exhibicionistas que cada fin de semana las invadían. Las cosas han cambiado mucho. La práctica del nudismo ha dejado de penalizarse como escándalo público y cada año son más las personas que se acercan a las playas pontevedresas en busca de un rincón, en el que poder disfrutar del mar y la arena sin las ataduras que impone la vestimenta.
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