De nuevo frente a cuerpos desnudos, hombres y mujeres que sin vergüenza con naturalidad plena caminan, platican, se abrazan, se toman fotos, van y vienen.
Cerca de las ocho de la noche las puertas del Museo Universitario Contemporáneo de Arte de la UNAM -con la muestra fotográfica de Tunick en el Zócalo- se abren para cerca de 200 entusiastas dispuestos a eliminar de su cuerpo todo ropaje, contravenir las reglas morales, religiosas y sociales que todo moderno ser humano carga a sus espaldas.
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