Hace trece años, Irwin -«ese es mi nombre artístico», matiza- trabajaba como autónomo en su propia empresa de limpiezas generales en el País Vasco francés. Era el gerente y el trabajador principal. Su vida cambió radicalmente un día en que se sintió mal. Empezó así un duro camino que le llevó a estar entre la vida y la muerte. Con el tiempo supo que había sufrido una grave intoxicación química. Se debió -sabe hoy- a la mezcla de productos de limpieza que utilizaba en su tarea. Lo más sorprendente, y algo habitual en las intoxicaciones químicas -explica-, es que su apariencia apenas cambió. Seguía conservando el buen aspecto físico que caracteriza a su familia. Pero él no tenía fuerzas ni energía para nada. Llegó incluso a no poder hablar. Hoy, después de una larga historia que incluye la constatación del beneficio de los baños en el mar, quiere explicar a la sociedad que no hay que juzgar por las apariencias.
Irwin es el ciudadano francés que acostumbra a pasear desnudo en bicicleta por la ciudad -al menos, en verano- y que el lunes fue juzgado por «desobediencia y exhibicionismo», como consecuencia de un arresto practicado en julio cuando circulaba sin ropa cerca de un parque en Errenteria. «Hubo una acusación anterior por exhibicionismo obsceno y provocación sexual, que se archivó porque no hay motivo», explica. «El desnudo, la cuestión de la vestimenta, nada tiene que ver con este tipo de delitos».
Irwin no se considera nudista ni naturista. No piensa, como los primeros, que ir desnudo es la manera más normal y natural de ir por la vida. «No es mi punto de vista». Los naturistas opinan que hay que estar cerca de la naturaleza y pueden ir desnudos o no. «Tampoco es mi caso». ¿Cuál es el suyo? «Soy una persona libre que usa la vestimenta según la necesite o no».
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