
AGENDA
En el siglo XII la Iglesia construyó un pequeño monasterio dedicado a San Esteban con el fin de acabar con los cultos paganos, aunque el templo terminó siendo destruido por los piratas. En los últimos siglos estuvieron deshabitadas; sus únicos moradores eran rebaños de cabras salvajes. En 1980 fueron declaradas parque natural y se constituyó una junta para preservar su flora, amenazada por las acampadas.
Por más que se intente limitar el número de visitantes, la tarea no es fácil, sobre todo si se tiene en cuenta que el camping se llena hasta los topes en verano. El sitio sería paradisíaco si tuviera menos gente. Pero, por la noche, cuando se marchan los últimos barcos de pasajeros y el único sonido que se escucha es el de las gaviotas, el lugar se transforma. Sólo desentona un feo monolito de 16 metros que se levantó en 1961 en honor al general Franco.
Hay un camino, de unos tres kilómetros, que desde el muelle lleva a lo alto del faro y que es una clásica ruta senderista. No menos bello es el camino de dos kilómetros que conduce hasta el Alto del Príncipe, desde donde se divisan casi todas las Cíes. Otros recorridos llevan a los restos del antiguo convento de San Esteban, al primitivo poblado de Hortas, o al Observatorio de Aves.
La parte norte y oeste son acantilados, mientras que la sur tiene tranquilas aguas con un lago llamado «laguna de los niños» que crece o disminuye con las mareas. Hay otro par de playas, una de ellas, conocida como «la de los alemanes», es nudista. Las Cíes son también reserva de aves marinas y a ellas llegan gaviotas, cormoranes y araos (que parecen pingüinos) para criar. Asimismo tienen un gran interés botánico, pues en sus cantiles crecen «caramiñas» y otras interesantes plantas.










