Roberto Ortega Tú eres de soria, no? Esta pregunta tiene siempre algo de terrorífico (al menos para mí) y esa sensación se hace más grande si te la formulan a varios miles de kilómetros de aquí. Si además la pregunta te llega de lo alto mientras tomas el sol en una playa semiprivada y nudista, el interrogante te machaca, la "?" se te marca como si fueras una res en un rancho y cuando tratas de focalizar, a contrasol, de dónde procede la voz, la primera cosa que te viene a la mente es que tienes todo al aire. Así que con una mano te haces una visera y con la otra tratas de arropar la entrepierna porque no viene a cuento que unos presuntos sorianos te vean en bolas.
Cuando logro superarme del choc, veo a una pareja, chico y chica muy guapos, que me sonríe y que añade: "Y escribes en el periódico, ¿verdad?". Digo que sí y en venganza saludo al chico con la mano con la que me estaba tapando las joyitas. A la chica le doy dos besos.
Tras una conversación en la que nos ponemos al corriente de por qué estamos donde estamos, la pareja me habla de estas columnas. No creo que haya habido en la historia del periodismo un columnista que haya recibido desnudo la felicitación de unos desconocidos, frente a un mar perfecto.
"Nos reímos mucho", resumen sobre mi trabajo. Si tuviera que elegir un denominador común de entre los comentarios que he recibido sobre mi trabajo, el "me río mucho" ocuparía el primer lugar de la lista.
Nunca tengo muy claro si esa aseveración es buena o mala, sobre todo porque mi pretensión no es la de hacer reír sino la de ser efectista, frívolo y superficial, que es la mejor manera de hablar de temas serios, de decir alguna que otra verdad bien grande, de desperdigar por estas letras a mis personajes fetiche y de sobrevivir, en líneas generales, a la actualidad soriana, que suele ser cansina, monótona, monotemática y repetitiva.
Silvano Andrés (el de La Morena) escribió de mí que soy el maestro de la metáfora, de la hipérbole y el señor de la elipse (más o menos, no lo recuerdo). Suena aceptable, aunque, en realidad, no domino ninguno de esos bailes y, si danzo con la más fea, procuro que no se me pegue.
Pensándolo bien, lo de "me río mucho" no está tan mal como ni como meta ni como eslogan. |