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98 árboles en memoria de ellas
Voluntarios y miembros del grupo Gaia homenajearon ayer a las mujeres asesinadas por la violencia de género en las campas de Arrangua
17.03.08 -

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98 árboles en memoria de ellas
HAYA. Los castellonenses Isabel y Diego cavan junto a Lourdes Lacalle. / FOTOS: BLANCA CASTILLO
Lander, un inquieto niño de 4 años, ya ha plantado un árbol. Un cedro, para más señas. Lo eligió él cuando su madre Edurne Gil, le preguntó si prefería la conífera, símbolo del Líbano, o un haya. Si coge la impresionante altura del que crece en el parque de La Florida de Vitoria, el árbol le sobrevivirá. Es un gesto simbólico, sencillo, pero está cargado de vida. Lander fue una de las 20 personas que se reunieron ayer en las campas de Arrangua, la playa nudista de Arróyabe que cumple 30 años, junto al embalse de Ullíbarri Gamboa, para recordar y homenajear a las 98 mujeres asesinadas en 2007 por la violencia de género.

La idea partió de un técnico de la Diputación y la asumió la asociación Gaia que lleva 3 años realizando campañas de plantaciones en este lugar que sintetiza desde el punto de vista natural el mestizaje alavés entre el clima mediterráneo y el atlántico y su impresionante variedad de hábitats. El acto, previsto, para el 8 de marzo, se retrasó hasta ayer por el tiempo.

Fue una mañana luminosa, casi primaveral. El sendero hasta las campas, que parte de una pista situada frente al molino de Arróyabe, sin señalizar, estaba llena de flores blancas, amarillas y violetas. Un bosque de quejigos, algunos de grandes dimensiones, da la bienvenida a los paseantes. Las yemas de muchos arbustos anuncian ya la nueva estación. Tras 20 minutos de una pequeña ascensión y una empinada bajada, se ve el cuadro de un paisaje diferente, donde los árboles, los viejos, y los recién plantados, dan paso a las aguas azules del embalse y a la isla de Zuaza que se ve muy cercana.

Para la pareja formada por Esther Guisado y Roberto Robledo era también el primer árbol plantado, un haya, aunque él ha labrado viñas en Laguardia. «Nos gusta la naturaleza y la violencia contra las mujeres es un motivo para hacer algo», indica Esther.

Manolo Alzola, una enciclopedia viviente, cuenta que los cedros del Líbano se utilizaron para rellenar las lagunas de Venecia y los pinos mantienen en pie la plaza del Comercio de Lisboa.

«Son asesinos, no locos»

La conversación gira en torno a la pregunta de por qué mueren tantas mujeres a manos de sus maridos. La pintora Lourdes Lacalle, Carmen Ezpeleta, que ha colocado cintas con los colores del arco iris a cada uno de los árboles, e Inma García de Garayo, hablan del precio de la libertad de las mujeres, de que antes se ocultaban estos hechos y del cansancio de tener que reivindicar a todas horas el feminismo. «Pero no son enfermos, son asesinos. Y se da más importancia a un asesinado por ETA que a cuatro mujeres», coinciden.

Mientras Álvaro Gómez, de 11 años, juega con 'Kira', una pastor alemán, sus padres, Juan y María Jesús, dan cuenta del almuerzo para recuperar energías. Isabel Martí y Diego Villalonga, una pareja de Castellón, alaba el paisaje alavés, «sorprendente», y la conciencia de la gente sobre el deber de cuidar el entorno. Un matrimonio y sus dos hijas que pasean por la zona se suman a las plantaciones a última hora.

«Aún nos faltan 22 para completar los 98 árboles. Lo haremos estos días con voluntarios de Gaia. Pondremos un monolito en recuerdo de las mujeres y buscaremos un nombre al parque», comentó Fernando Arricagoitia, Cibeles, que ha echado de menos la presencia de Emakunde.
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