16-12-07 | Por Vilma Osella
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Esa muchacha típica

Punta se prepara para el aluvión turístico.

Como un dedo que señala el horizonte, origen de su luminosidad, y divide las aguas del río de La Plata con el océano Atlántico, Punta del Este se levanta en el oriente del territorio uruguayo. Es una gema que ilumina el sol, se embellece en los ocasos y se baña con una luna que despierta los asombros.

Dunas, ensenadas, remansos, roquedales, largas cintas de rubia arena fueron controladas por los pioneros con pinos y otras especies exóticas que entremezcladas con el verde autóctono, logro de la naturaleza, fundaron plurales ofertas verdes. Y apoyaron las arenas para su asentamiento que permitió el trabajo y el progreso. Todo el año festejó Punta del Este, sus 100 años de vida. Hoy se dice de ella que es la Costa Azul de Sudamérica.

   "Esta ciudad está bajo la advocación de la Virgen de la Candelaria, porque Solís desembarcó en sus costas el 2 de febrero de 1526, cuando se conmemora esa aparición de María", indicó el obispo de la Costa, Rodolfo Wirz. Y continuó: "es que la tripulación tenía sed y la saciaron en las lagunas que circundan el lugar. Desembarcaron en el puerto natural que es el actual y caminaron por los médanos hasta encontrar el agua dulce".

   Y de vuelta, en este lugar, donde hoy se levanta la capilla que hace buen culto al Padre Pío con su santo guante (en la parada 4, enfrente del Hotel Conrad) y donde popularmente se consignan tantos milagros, hicieron su primera misa. La capilla pertenece a la catedral de Punta del Este, que lleva el nombre de la Virgen de la Candelaria pero está regenteada por la de Maldonado, la de San Fernando. "Es que ellos son capuchinos como el Padre Pío y fomentan su devoción", cuenta el obispo.

Veraneantes pioneros

Solís siguió su viaje y fundó el Cabo de Santa María. Pero ya era un paradero de pueblos originarios que llamaban al lugar Ituzaingó. Mucho después en 1755, el virrey Cisneros envió familias españolas al Portezuelo de la Ballena (muchas recalaban en estas costas por entonces) y aún hoy en lo más oriental de la Punta está el sitio donde algunas veces se avistan las ballenas que pasan para el sur argentino. Poco tiempo duraron aquellas familias en el lugar asignado ya que fueron trasladadas al puerto donde se conviertieron en pescadores.

   A comienzos de 1800, los hermanos franceses Samuel y Alejandro Lafone eran dueños de la isla Gorriti y se dedicaban a la caza y venta de lobos marinos. En 1811, Francisco Aguilar, hombre de sólida fortuna, llegó a Maldonado. Compró tierras, agrupó gente y desarrolló la agricultura (tabaco y papas) y la ganadería en varias estancias.

   Más adelante, añadió gusanos de seda y posteriormente la primera fábrica de baldosas. El gobierno le concedió permiso para la pesca y faena de ballenas y lobos marinos. Florecieron los saladeros y para lidiar con los arenales trajo dromedarios. Armó una flota de barcos mercantes. La avalancha de arena tapaba ya la villa cuando Enrique Brunet decidió la forestación con pinos y abetos, sin desdeñar los arbustos autóctonos.

   En 1843, el gobierno vendió las tierras de la Villa a los hermanos Lafone, en 4.500 pesos plata. En 1860 Tomás Libarena construyó el faro; en 1883, un visionario periodista del diario "El Siglo" escribió: "Algún día cuando la locomotora cruce velozmente todo el territorio de Uruguay, los bañistas porteños no se contentarán con sumergirse en las aguas de Pocitos o Playa Ramírez. Querrán tocar el océano. Entonces el Puerto de Maldonado será el punto de cita de la sociedad elegante".

   En 1885 se estableció la Aduana, en 1888 se formó la Sociedad de Pesquería, en 1890 la población abandonó la pesca y se ocupó de las conservas de pescado. La gente progresó. Casas sólidas circundaron el puerto. En 1900, Vicente Ortega, uruguayo radicado en Argentina, levantó el primer chalé cerca de la Aduana.

   La gente cazaba patos en las lagunas y conejos en la Isla Gorriti y se bañaba en sus momentos de ocio: los hombres en la playa del Plato, en la Mansa; las mujeres en La Pileta de la Brava. Con altas multas para quien violara las reglas. En 1907 la aldea mutó su nombre por el de Punta del Este, se abrieron las pulperías y llegaron los primeros turistas argentinos en el vapor "Golondrina". La aldea creció.

En 1923 Niceto Loizaga y Juan Gorlero agruparon voluntades para fundar el Yacht Club. Asimismo, en 1938 se levantó el Hotel Casino en la Gorlero y sus dueños, los hermanos Sagasti, llamaron pronto a Luis Nogaró, exitoso hotelero argentino, quien agregó la boite a las instalaciones, donde en los 50 amenizaron los Lecuona Cuban’s Boys con memorables veladas de cena y baile.

   Posteriormente, en el año 1947, se levantó Solana del Mar entre Portezuelo y la Ballena, y el Cantegril Country Club abrió sus puertas. En el 48 se construyó el Hotel San Rafael, y en el 51 se realizó el Primer Festival Internacional Cinematográfico, organizado por Cantegril. Hace 10 años se construyó el Conrad Punta del Este, Resort y Casino, y las grandes galas, los desfiles de modelos, los espectáculos más importantes del mundo y los musicales agregan glamour a la ya sofisticada ciudad creciente. Hoy Punta del Este, recorre sus primeros 100 años de vida: todo el año se aprestó a celebrarlo como corresponde, orgullosa.

Las Lagunas

En el río Solís comienza el departamento de Maldonado, cuya recortada costa estimula panoramas paradisíacos. Las sierras penetran en el mar y abren acantilados y grutas. El Pan de Azúcar corona la laguna del Sauce y la del Diablo. Al costado existen praderas con pinos marítimos, bosques y un collar de lagunas. Una playa nudista merodea los costados. Surge la laguna del Sauce. A orillas de la laguna hay chacras, como la de Nicolás García Uriburu y la de Carlos Perciavalle, quien en otros tiempos organizó espectáculos y muchos artistas engalanaron los parques de su coqueta mansión.

Club de famosos

El Club del Lago tiene lo suyo: actuaron en su escenario Pierino Gamba, Valeria Lynch y Rafaela Carrá, entre otros . Allí se reunió el Banco Internacional de Desarrollo (BID) para sus más difíciles decisiones en la región y se dan conciertos. Su cancha de golf de 18 hoyos, a la que De Vicenzo llamó la Augusta de Sudamérica, tiene una superficie de 45 hectáreas sobre arena.

   Otros atractivos convocan: las Sierras de la Ballena, el Camino de los Ceibos, Las Vertientes y la Posta del Lago, sitio elegido por los deportistas (la selección uruguaya concentra allí) por sus completas instalaciones: gomones y canoas recorren las mansas aguas para los turistas que deseen alquilarlas. Allí se juega la copa Reebok de tenis y se corren las regatas a vela. Está también la laguna del Diablo, un espejo de agua dulce donde se practica ski acuático.

 

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